Desde mi adolescencia he crecido con la curiosidad del sexo siempre presente y hojeando las revistas X de mí hermano. Fantaseaba con estar presente en cada escena y disfrutar del momento, pero conforme crecía también tenía presente el amor y de hecho envidiaba a los amigos o conocidos que tenían novia. Cuando deje de ser virgen se “abrió la caja de pandora” por así decirlo y tuve mis relaciones. Noviazgos cortos o romances, no muy duraderos, pero si intensos y agradables. Era mi época de Stripper-Boy, y me encantaba y sobretodo no me importaba, aunque con ello supiera que no tenía todos los números para una relación seria con una mujer. Por decirlo de alguna manera, durante mi juventud yo era el más “porno” del grupo y se divertían mucho conmigo en nuestros encuentros y charlas, pero algunos decían que “necesitaba una novia que te diera caña, para que se me acabaran las tonterías del sexo desmesurado que rondaban por mi cabeza”. Nunca me llegue a plantear que fuera un “adicto al sexo”, ya que no despilfarro y con estas cosas tengo muy claro, que sería perder el dinero, pero si tengo claro que “me encanta el sexo y le doy mucha importancia en una relación”.
A mis 29 años conocí una mujer por internet que vivía en Benidorm y tras un año de idas y venidas en puentes y unas vacaciones…lo deje todo aquí para ir a vivir con ella y su hija. Al principio toda parecía ir de maravilla y con el tiempo intentaba adaptarte a mi nueva situación movido por la “confianza en el amor”. Manteníamos una relación muy tradicionalista y ella tenía un carácter muy fuerte, que me hacía dudar de si realmente la quería o no, pero intente deshacerme de esas dudas y aposté por hacer lo que se debe hacer, es decir, aguantar y seguir para adelante. Pero aun así, la cosa no pintaba bien (al menos internamente yo no estaba bién), pero nuestra relación seguía de manera dinámica. Llegamos a un punto de rutina tal que, me sentía como “sin salida”. En los últimos meses de relación mantenía flirteos y encuentros con una vecina del bloque y aunque los últimos días antes de volverme a Barcelona, tuve la posibilidad de acostarme con ella…no lo hice. No me encontraba centrado y estaba dolido por la situación. Pero, me di cuenta de que potencialmente podía ser infiel y no me gusta hacer esas cosas a escondidas…considero que no es noble y me propuse firmemente no hacer daño a ninguna mujer en mi vida.
Acercándose las navidades del 2006, conocí una mujer muy sexy, encantadora y especial. Ella es 13 años mayor que yo, pero, no lo aparenta en nada. Empezamos a salir y poco a poco, me fui enamorando de ella. La pasión fue intensa y el amor romántico y mágico. Pero, entre el segundo y tercer año de nuestra relación se va formando una sospechosa relajación en nuestra manera de convivir. Todo va teniendo menos emoción y la pasión ya no es la misma. No entendía porque?, nuestras relaciones sexuales eran magnificas, nos llevamos bien, cada uno con sus manías, pero todo muy bien. Había mucha ternura, cariño, comprensión, comunicación, etc. Un día hablé con ella sobre el tema de las fantasías sexuales y el tema de probar cosas diferentes. Yo sé que no podía pedirle más de lo que ella pudiera hacer dentro de un estilo de vida liberal. Ella no es así. Aunque entendía mi postura y ella intentó llegar al máximo dentro de nuestra relación y solamente conmigo. Deseábamos seguir juntos y ella deseaba, que si alguna vez cumpliera alguna de mis fantasías, nunca se lo contara, ya que no podría soportar saberlo. Pero nunca se me ocurrió hacer nada a sus espaldas…no va conmigo. Finalmente y aunque nuestra relación era buena y cordial, decidimos dejar de convivir juntos y quedar como buenos amigos, ya que nuestra vida en pareja se fue enfriando poco a poco, pero no por culpa de nadie, ni porque no hayamos puesto remedio en ello, sino, porque simplemente se siente y se respira que el amor ya ha pasado página. Puede que tenga una mentalidad liberal en cuanto al sexo, pero soy sentimental y no quiero hacer daño a la persona que amo. Por esa razón y sabiendo la importancia del compromiso con la pareja, el hecho de eludir ese compromiso es de libre elección y nadie está sujeto a ello por nada, ni nadie, ni por presiones externas e internas. Por supuesto que me gustaría enamorarme realmente de alguien realmente afín a mí, pero con mis viciosas tendencias sexuales, será difícil.
Si tuviera que volver a relacionarme amorosamente, tendría que ser con una mujer, no solo que comprendiera mi postura, sino que también se sintiera identificada con mis pensamientos y deseos y que le gustara llevar a cabo, cuando sea posible y cuando los dos estemos preparados y solamente después de largos años juntos…es decir, para romper la rutina. Mi dilema está servido…ya he confesado porque he decidido ser sincero y seguiré firme con esta decisión, aunque me quede solo durante el resto de mi vida. Nunca quiero llegar a ser el típico padre de familia que con los años acaba durmiendo en camas separadas y viendo páginas web de adultos en internet, porque con la mujer ya no hay “tra-la-ra”. Ni quiero tener que recurrir a profesionales del sexo, como muchos casados hacen hoy en día. No quiero, eso…quiero una relación con sexualidad totalmente abierta, transparente, morbosa, emocionante, experimental, en fin … “añadir más ingredientes a la ensalada”. Y bueno, si no existen mujeres que coincidan conmigo, pues seguiré solo, pero lo que tengo claro es que no renunciaré al sexo y ya buscaré la manera de apañarme.
Una de mis mayores preocupaciones o miedos como hombre en cuanto a buscar una relación de pareja con una mujer liberal siempre ha sido el hecho de que se enamorara de otro, por el simple hecho de haber sentido algo diferente en el sexo y que ello fuera la chispa que dispara su curiosidad para acabar conociendo más de lo necesario a ese otro hombre.
Tras esta duda, un día se me ocurrió escribir un mail a una pareja que conocí por internet. Ellos son bisexuales, están casados y se dedican al BDSM. Amablemente me contestó en este caso la mujer diciéndome más o menos, lo siguiente:
“el sexo que puedas tener con otros hombres que no sean tu marido, es en cualquier caso diferente y en la mayoría, no llegan a ser mejores, y para nada supondría un motivo para dejar un marido al que confías y amas, y más sabiendo que los dos sois los que ponéis las reglas del juego”.
Tras una contestación así y sabiendo que existen otras parejas casadas o no con similares experiencias, me podía hacer una idea de que buscar a mi pareja ideal, sería difícil pero no imposible. Aun así, he mantenido conversaciones con amigos, que siguen pensando que si uno es liberal lo es para todo y que “compartir la mujer” es peligroso, porque algún día acabará enamorándose de otro. Bueno, en fin…opiniones hay para todos los gustos y si tengo que decidir qué tipo de relación es la mejor para mi, no me ayuda mucho mantener dos posiciones tan diferentes. Así pues, prefiero decantarme por la siguiente opción:
Deseo enamorarme de una mujer y disfrutar juntos como cualquier pareja. No deseo una relación abierta, ni liberal, ni nada que se parezca, pero si conocer una chica, que sea de mentalidad abierta, que le guste el sexo tanto como a mí y que nuestros intereses sean mutuos y que en base a nuestro profundo amor y confianza, podamos hacer muchas cosas y si entre ellas está la opción de mantener sexo con terceras personas, elaborar las reglas del juego entre los dos.
Por el momento quiero encontrar pareja, pero también quiero que sepa cómo soy al 100% y lo que me gusta, para que sepa por las “aguas que navego”, para que no hayan sorpresas en el futuro, de si “eso no lo sabía, me lo podías haber dicho antes, ya no pareces tu, etc, ect”. Hay muchas mujeres que no desean que un hombre sea totalmente transparente en las primeras citas y prefieren la emoción de irse conociendo, pero yo debo hablar de este tema, porque tampoco deseo hacer perder el tiempo a nadie.
Me gustaría contar con vuestra participación y opiniones.
Un saludo.